Imanol
21-jun-2003, 20:51
Era un idiota porque era un idiota y eso a él le bastaba para sentirse como tal. A costa de tanto repetírselo había terminado por resignarse y por tomar el aspecto insólito y descuidado de quien no tiene sesos. A veces podía sentir un hilito de baba resbalando por la comisura de los labios y mancharle la camisa en el pecho, pero lo más evidente era su torpeza física que lo imposibilitaba para subir una escalera como cualquier mortal. Tenía que andar a saltitos cuidando de no tropezarse y ser el hazmerreír de la gente. Y todo desde pequeño, desde que tenía uso de la razón, si es que algún uso tenía; porque jamás se pareció a los otros y muchas veces tuvo que soportar la burla y el desprecio de sus semejantes.
Sus padres no habían querido tratarlo nunca de forma especial, pensando tal vez que con eso lo ayudarían a adaptarse mejor. El recibió siempre el mismo trato que sus hermanos, nunca menos, nunca más. En su casa no hacían diferencias, e incluso, aunque él era un idiota también él era el mayor, y en su familia el ser el mayor era una posición de respeto.
Hasta lo habían enviado al colegio, pero allí les dijeron que era inútil y que debían llevarlo a alguna escuela para retrasados. De rabia entonces su madre había decidido enseñarle ella misma. Pero tampoco aprendió. Se le confundían las palabras con los números y lo único que fue capaz de aprender fueron unos cantos.
Su madre se aferró a esto creyendo reconocer por fin alguna habilidad y desde entonces el idiota debió aprenderse la letra de innumerables canciones, de todo tipo, bajo la presencia y tutela de ahora toda su familia, sorprendida y maravillada con este progreso.
Una de sus hermanas tocaba el piano y fue ésta la encargada de componer algunos temas especialmente para él. Y él los cantó con tan asombrosa habilidad y entonación que esto mismo le valió el apodo de "ruiseñor de la familia ".
Con el tiempo sus hermanos se graduaron . Algunas de sus hermanas contrajeron matrimonio y hasta le dieron unos simpáticos sobrinos, los que sin reparar en su evidente retraso jugaban con él fascinados tardes enteras en el jardín.
Su padre murió una mañana de una larga y penosa enfermedad y desde su mundo especial sintió esa partida como un cuchillo que le desgarraba el corazón. En el entierro le pidieron que lo despidiera cantando, y entonces cantó, y cantó tan dulce y emotívamente que los oyentes fueron transportados y removidos por su voz. Nunca antes habían escuchado cantar de esa manera, por lo que era una revelación. El, sin embargo, seguía cantando como si los demás no existieran, diciéndole adiós a ese padre que tanto lo amara y de quien había heredado el color verde de sus ojos y la forma larga y delgada de su nariz.
De este modo sólo quedó él acompañando a su madre quien desde la muerte de su marido se había vuelto melancólica y se pasaba largas horas sentada frente a la ventana mirando con los ojos fijos hacia alguna parte imprecisa del jardín.
La casa se les hizo enorme y con suerte la vendieron para mudarse a un departamento pequeño y elegante en un acomodado barrio residencial.
Allí el idiota fue otra vez la víctima de la curiosidad de los demás. Primero se burlaron y lo despreciaron como a cualquier ser anormal... Hasta que lo escucharon cantar.
Entonces su voz se hizo famosa y las muchachas del barrio se prendieron locamente del idiota. A ellas no les importaba verlo babear y tropezar sin razón con tal de escucharlo. Su voz las embrujaba de una manera misteriosa y más de alguna le ofreció sus encantos , a lo que el idiota accedió sin muchas complicaciones.
A esto siguió que un sello discográfico se interesó en grabar un disco con su magnífica voz. Lo maquillaron y vistieron a la moda para darle un nuevo look. Apareció en todas las revistas de espectáculo y subió hasta alcanzar los primeros lugares del ranking musical.
Pero, aún así él continuó como siempre, sencillo y anormal, baboso y torpe físicamente, sin la más mínima posibilidad de recuperarse. Aunque esto, ahora, gracias a los esmerados y concienzudos cuidados de los managers de la compañía, ninguno de sus fans debía siquiera llegar a imaginárselo.
II
Y así comenzó una doble vida que le obligó a mudarse nuevamente y que lo confinó a una agradable residencia, pero en donde tenía la expresa prohibición de la compañía de no hacer amistades ni mostrarse entre los vecinos.
Su madre lo había acompañado en silencio pensando en la oportunidad que esto significaba para su hijo y estuvo dispuesta a seguir obediente las directivas de la empresa.
Salían ahora, exclusivamente, cuando el auto de la compañía los recogía para que fuera a grabar o a alguna actividad publicitaria, las que por cierto eran siempre secretas y en las cuales no se permitía ningún extraño.
El personal lo trataba con cariño y hacía esfuerzos intentando crear a su alrededor un ambiente de supuesta normalidad. Cuando tropezaba sin quererlo, por ejemplo, los demás fingían ignorarlo y su madre se encargaba de mantenerle siempre la boca seca con un pañuelo.
Las sesiones de fotografía les resultaban enormemente tediosas al tener que posar durante horas bajo el calor sofocante de las luces y al tener que soportar el excesivo maquillaje con que lo convertían en el ídolo de miles de seguidores apasionados.
Grababan dos o tres veces por semana y su éxito no decaía, al contrario, sus temas permanecían durante semanas en el ranking y la compañía comenzó a sentir la presión de los medios, aburridos como estaban de tener que recibir toda la información ya preparada y de no poder entrevistar y presentar a la estrella directamente a su público.
El idiota, claro, vivía completamente ignorante de toda esta clase de avatares y se limitaba a cantar y a disfrutar de los placeres que la Western Golden Sound le proveía.
El problema pasó a mayores cuando, por vender tantos discos, le dieron el disco de platino. Anteriormente, la madre había recibido premios en su nombre arguyendo una indisposición pasajera del idiota. Pero, esta vez sería difícil hacer lo mismo. La expectación era tremenda y todo el ambiente artístico comenzaba a preguntarse lo que ocurría.
_ ø Qué haremos ? _ se preguntaban los encargados, y se rebanaban los sesos pensando en cómo presentar al idiota en público sin que todo se desmoronara.
El asunto no sería difícil si se tratara únicamente de una breve entrevista y de recibir el premio, porque entonces podrían presentar algún doble, pero, seguramente, querrían también escucharlo que cantara.
Una semana antes de la fecha programada para la entrega del premio se reunió en pleno el comité creativo de la compañía y para algunos fue una verdadera sorpresa cuando les presentaron al artista, aunque ya habían sido advertidos de actuar como si nada.
El idiota no dijo una palabra y se mostró más bien excitado ante quienes le habían pedido que se presentara. En su fuero interno comprendió que detrás de esos rostros sonrientes habían también extraños personajes que lo examinaban; y de un tiempo a esta parte todo aquello lo tenía cansado, además que estaba aburrido de la disciplina que le imponían y sentía ganas de ser libre nuevamente. El asunto no era fácil. Para ninguno.
El día del evento, faltos de una mejor opción, decidieron presentar al idiota para que recibiera el premio. Las respuestas las daría su madre, con el pretexto de una pequeña complicación transitoria del artista.
El idiota subió al escenario acompañado por el manager y su madre quienes pusieron mucha atención a que no se tropezara. Así y todo tropezó pero, el público tomó este saltito como una gracia de la estrella y aplaudió. Los dos acompañantes respiraron aliviados.
El que entregó el premio eso sí notó al abrazarlo una cosa rara: la camisa mojada por la baba y, tal vez, una excesiva cantidad de maquillaje, pero, pensó que era alguna excentricidad del cantante y no le dió tampoco mayor importancia.
Cantó un sólo tema y el público lo aplaudió a rabiar. Así, cuando el evento terminó todo parecía haber salido de las mil maravillas.
Sin embargo algo en el idiota había cambiado. Hasta ese momento había cantado frente a un micrófono o ante un reducido número de personas. Pero, esto había sido diferente: demasiado público y periodistas acechándolo. Y desde entonces no pudo conservar su tranquilidad.
Se volvió triste y silencioso y comenzó a quedarse por los rincones en cuclillas sin que su madre ni nadie lo pudiera hacer cambiar de actitud.
No quiso tampoco volver a cantar y sin que pasara mucho tiempo a todos se les hizo evidente de que había caído en una profunda depresión.
La compañía decidió cerrar el caso echando a correr la noticia de la muerte del artista por motivos naturales y dejó a la familia libre para que se encargara del idiota con la única condición de hacerlo desaparecer de la vida artística para siempre.
A la familia no se le ocurrió nada mejor que internarlo en un asilo para retardados en el que eran especialistas en este tipo de casos.
Allí el idiota, con el pasar del tiempo, recuperó la voz a medias, pero suficiente como para alegrar a los otros internos, quienes, rápidamente comenzaron a juntarse a su alrededor, alentados por los médicos , los que veían en esa ahora suave y apagada voz, la mejor de las terapias.
Sus padres no habían querido tratarlo nunca de forma especial, pensando tal vez que con eso lo ayudarían a adaptarse mejor. El recibió siempre el mismo trato que sus hermanos, nunca menos, nunca más. En su casa no hacían diferencias, e incluso, aunque él era un idiota también él era el mayor, y en su familia el ser el mayor era una posición de respeto.
Hasta lo habían enviado al colegio, pero allí les dijeron que era inútil y que debían llevarlo a alguna escuela para retrasados. De rabia entonces su madre había decidido enseñarle ella misma. Pero tampoco aprendió. Se le confundían las palabras con los números y lo único que fue capaz de aprender fueron unos cantos.
Su madre se aferró a esto creyendo reconocer por fin alguna habilidad y desde entonces el idiota debió aprenderse la letra de innumerables canciones, de todo tipo, bajo la presencia y tutela de ahora toda su familia, sorprendida y maravillada con este progreso.
Una de sus hermanas tocaba el piano y fue ésta la encargada de componer algunos temas especialmente para él. Y él los cantó con tan asombrosa habilidad y entonación que esto mismo le valió el apodo de "ruiseñor de la familia ".
Con el tiempo sus hermanos se graduaron . Algunas de sus hermanas contrajeron matrimonio y hasta le dieron unos simpáticos sobrinos, los que sin reparar en su evidente retraso jugaban con él fascinados tardes enteras en el jardín.
Su padre murió una mañana de una larga y penosa enfermedad y desde su mundo especial sintió esa partida como un cuchillo que le desgarraba el corazón. En el entierro le pidieron que lo despidiera cantando, y entonces cantó, y cantó tan dulce y emotívamente que los oyentes fueron transportados y removidos por su voz. Nunca antes habían escuchado cantar de esa manera, por lo que era una revelación. El, sin embargo, seguía cantando como si los demás no existieran, diciéndole adiós a ese padre que tanto lo amara y de quien había heredado el color verde de sus ojos y la forma larga y delgada de su nariz.
De este modo sólo quedó él acompañando a su madre quien desde la muerte de su marido se había vuelto melancólica y se pasaba largas horas sentada frente a la ventana mirando con los ojos fijos hacia alguna parte imprecisa del jardín.
La casa se les hizo enorme y con suerte la vendieron para mudarse a un departamento pequeño y elegante en un acomodado barrio residencial.
Allí el idiota fue otra vez la víctima de la curiosidad de los demás. Primero se burlaron y lo despreciaron como a cualquier ser anormal... Hasta que lo escucharon cantar.
Entonces su voz se hizo famosa y las muchachas del barrio se prendieron locamente del idiota. A ellas no les importaba verlo babear y tropezar sin razón con tal de escucharlo. Su voz las embrujaba de una manera misteriosa y más de alguna le ofreció sus encantos , a lo que el idiota accedió sin muchas complicaciones.
A esto siguió que un sello discográfico se interesó en grabar un disco con su magnífica voz. Lo maquillaron y vistieron a la moda para darle un nuevo look. Apareció en todas las revistas de espectáculo y subió hasta alcanzar los primeros lugares del ranking musical.
Pero, aún así él continuó como siempre, sencillo y anormal, baboso y torpe físicamente, sin la más mínima posibilidad de recuperarse. Aunque esto, ahora, gracias a los esmerados y concienzudos cuidados de los managers de la compañía, ninguno de sus fans debía siquiera llegar a imaginárselo.
II
Y así comenzó una doble vida que le obligó a mudarse nuevamente y que lo confinó a una agradable residencia, pero en donde tenía la expresa prohibición de la compañía de no hacer amistades ni mostrarse entre los vecinos.
Su madre lo había acompañado en silencio pensando en la oportunidad que esto significaba para su hijo y estuvo dispuesta a seguir obediente las directivas de la empresa.
Salían ahora, exclusivamente, cuando el auto de la compañía los recogía para que fuera a grabar o a alguna actividad publicitaria, las que por cierto eran siempre secretas y en las cuales no se permitía ningún extraño.
El personal lo trataba con cariño y hacía esfuerzos intentando crear a su alrededor un ambiente de supuesta normalidad. Cuando tropezaba sin quererlo, por ejemplo, los demás fingían ignorarlo y su madre se encargaba de mantenerle siempre la boca seca con un pañuelo.
Las sesiones de fotografía les resultaban enormemente tediosas al tener que posar durante horas bajo el calor sofocante de las luces y al tener que soportar el excesivo maquillaje con que lo convertían en el ídolo de miles de seguidores apasionados.
Grababan dos o tres veces por semana y su éxito no decaía, al contrario, sus temas permanecían durante semanas en el ranking y la compañía comenzó a sentir la presión de los medios, aburridos como estaban de tener que recibir toda la información ya preparada y de no poder entrevistar y presentar a la estrella directamente a su público.
El idiota, claro, vivía completamente ignorante de toda esta clase de avatares y se limitaba a cantar y a disfrutar de los placeres que la Western Golden Sound le proveía.
El problema pasó a mayores cuando, por vender tantos discos, le dieron el disco de platino. Anteriormente, la madre había recibido premios en su nombre arguyendo una indisposición pasajera del idiota. Pero, esta vez sería difícil hacer lo mismo. La expectación era tremenda y todo el ambiente artístico comenzaba a preguntarse lo que ocurría.
_ ø Qué haremos ? _ se preguntaban los encargados, y se rebanaban los sesos pensando en cómo presentar al idiota en público sin que todo se desmoronara.
El asunto no sería difícil si se tratara únicamente de una breve entrevista y de recibir el premio, porque entonces podrían presentar algún doble, pero, seguramente, querrían también escucharlo que cantara.
Una semana antes de la fecha programada para la entrega del premio se reunió en pleno el comité creativo de la compañía y para algunos fue una verdadera sorpresa cuando les presentaron al artista, aunque ya habían sido advertidos de actuar como si nada.
El idiota no dijo una palabra y se mostró más bien excitado ante quienes le habían pedido que se presentara. En su fuero interno comprendió que detrás de esos rostros sonrientes habían también extraños personajes que lo examinaban; y de un tiempo a esta parte todo aquello lo tenía cansado, además que estaba aburrido de la disciplina que le imponían y sentía ganas de ser libre nuevamente. El asunto no era fácil. Para ninguno.
El día del evento, faltos de una mejor opción, decidieron presentar al idiota para que recibiera el premio. Las respuestas las daría su madre, con el pretexto de una pequeña complicación transitoria del artista.
El idiota subió al escenario acompañado por el manager y su madre quienes pusieron mucha atención a que no se tropezara. Así y todo tropezó pero, el público tomó este saltito como una gracia de la estrella y aplaudió. Los dos acompañantes respiraron aliviados.
El que entregó el premio eso sí notó al abrazarlo una cosa rara: la camisa mojada por la baba y, tal vez, una excesiva cantidad de maquillaje, pero, pensó que era alguna excentricidad del cantante y no le dió tampoco mayor importancia.
Cantó un sólo tema y el público lo aplaudió a rabiar. Así, cuando el evento terminó todo parecía haber salido de las mil maravillas.
Sin embargo algo en el idiota había cambiado. Hasta ese momento había cantado frente a un micrófono o ante un reducido número de personas. Pero, esto había sido diferente: demasiado público y periodistas acechándolo. Y desde entonces no pudo conservar su tranquilidad.
Se volvió triste y silencioso y comenzó a quedarse por los rincones en cuclillas sin que su madre ni nadie lo pudiera hacer cambiar de actitud.
No quiso tampoco volver a cantar y sin que pasara mucho tiempo a todos se les hizo evidente de que había caído en una profunda depresión.
La compañía decidió cerrar el caso echando a correr la noticia de la muerte del artista por motivos naturales y dejó a la familia libre para que se encargara del idiota con la única condición de hacerlo desaparecer de la vida artística para siempre.
A la familia no se le ocurrió nada mejor que internarlo en un asilo para retardados en el que eran especialistas en este tipo de casos.
Allí el idiota, con el pasar del tiempo, recuperó la voz a medias, pero suficiente como para alegrar a los otros internos, quienes, rápidamente comenzaron a juntarse a su alrededor, alentados por los médicos , los que veían en esa ahora suave y apagada voz, la mejor de las terapias.