crisopa
12-feb-2004, 16:58
Me levanto por las mañanas y aun dormida me dirijo al baño.
Siempre es la misma historia, los mismos pensamientos, que no me canso de repasar, fielmente, todos los días.
Dios! Que envidia le tengo a esa mujer. Que dichosa es, que suerte tiene.
Siempre estás a su lado, desde que se levanta al baño muy de mañana y te mira entre nubes de sueño o te besa la frente, esa mano, en la boca.
O eres tu quien la deja en la cama volteándose para encontrar aun el calor de tu lado y tu olor en la almohada.
Que suerte tiene esa mujer. Que si te espera en casa tiembla y siente el ahogo de una adolescente enamorada por primera vez. O al verte asomar al otro lado del parque pensando que el día se hace primavera.
Que envidia le tengo porque la llenas por dentro y por fuera la envuelves de abrazos, de caricias, de besos.
Aunque te enfades con ella o ella contigo. Que suerte tiene esa mujer. Porque pensará en ti y tu también en ella, aunque solamente sea para una reconciliación o una venganza.
Que suerte tiene. Por pasar las tardes contigo y pasear. Y que la salpiques al tirar piedras al río, que mojes su falda y ver el sol que se esconde tras los árboles cogidos de la mano.
La envidio por las noches cuando, sin que sepas que está despierta, soplas su nuca y siente tu aliento. Tocas con unos dedos su pelo y un escalofrío eriza su cuerpo. Y deslizas tu mano por su cintura haciendo buenas las noches y buenos los días.
Todos los días recuerdo estas sencillas cosas cómo el que aprende con gula de saber. Luego me inclino sobre el lavabo, mojo mi cara, mis ojos y cuando me miro al espejo, recojo mi pelo, sonrío, y soy feliz de ser esa mujer y de ser a mi a quien amas.
Siempre es la misma historia, los mismos pensamientos, que no me canso de repasar, fielmente, todos los días.
Dios! Que envidia le tengo a esa mujer. Que dichosa es, que suerte tiene.
Siempre estás a su lado, desde que se levanta al baño muy de mañana y te mira entre nubes de sueño o te besa la frente, esa mano, en la boca.
O eres tu quien la deja en la cama volteándose para encontrar aun el calor de tu lado y tu olor en la almohada.
Que suerte tiene esa mujer. Que si te espera en casa tiembla y siente el ahogo de una adolescente enamorada por primera vez. O al verte asomar al otro lado del parque pensando que el día se hace primavera.
Que envidia le tengo porque la llenas por dentro y por fuera la envuelves de abrazos, de caricias, de besos.
Aunque te enfades con ella o ella contigo. Que suerte tiene esa mujer. Porque pensará en ti y tu también en ella, aunque solamente sea para una reconciliación o una venganza.
Que suerte tiene. Por pasar las tardes contigo y pasear. Y que la salpiques al tirar piedras al río, que mojes su falda y ver el sol que se esconde tras los árboles cogidos de la mano.
La envidio por las noches cuando, sin que sepas que está despierta, soplas su nuca y siente tu aliento. Tocas con unos dedos su pelo y un escalofrío eriza su cuerpo. Y deslizas tu mano por su cintura haciendo buenas las noches y buenos los días.
Todos los días recuerdo estas sencillas cosas cómo el que aprende con gula de saber. Luego me inclino sobre el lavabo, mojo mi cara, mis ojos y cuando me miro al espejo, recojo mi pelo, sonrío, y soy feliz de ser esa mujer y de ser a mi a quien amas.